Todos los 20 de junio se honra al creador de nuestra bandera nacional, Manuel Belgrano, con motivo de su paso a la inmortalidad, por lo que se repite su nombre y se cuenta su historia.
Pero todos los 20 de junio se olvida decir otro nombre: el de María Catalina Echevarría, la responsable de confeccionar aquel primer paño celeste y blanco.

Doña María Catalina Echevarria de Vidal nació en Rosario, un 1 de abril de 1782, hija de padres vascos, al quedar huérfana fue adoptada por la familia de Pedro Tuella. Se casó con Juan Manuel Vidal con quien decidió vivir en una casa contigua a sus padres adoptivos para prestarles los cuidados necesarios. Su hermano, Vicente, era amigo de Belgrano , por eso cuando el prócer llegó en 1812 a Rosario, se hospedó en su casa, desde donde comandaba la organización de las baterías que bautizó libertad e independencia para observar las tareas de fortificación en la barranca y la isla.

Para inaugurarlas, Belgrano organizó una ceremonia patriótica que no se podía concebir sin bandera. En una nota, Belgrano comunicó que “siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”. Por este motivo le encargó a María Catalina su confección, quien junto a la ayuda de otras vecinas cuyos nombres, una vez más, han quedado en el olvido , tomando materiales de la tienda de los Tuella, cosió los paños y les puso hilos de oro dando nacimiento a la primera Bandera de la Patria . Fue

María Catalina Echevarría no sólo confeccionó la enseña patria. También asistió a la ceremonia de jura, a orillas del Paraná, a pesar de que no era común que las mujeres participaran en ceremonias militares.

Un vitraux en la Catedral rosarina recuerda la primera jura. A la derecha se ve a María Catalina.

El diseño de esta primera enseña, según se cree, era de dos franjas horizontales blancas en los extremos y una franja celeste en el medio.

Luego de caer derrotado en Vilcapugio en 1813, y mientras reagrupaba a su ejército en el pueblo de Macha -hoy territorio de Bolivia-, Belgrano ordenó ocultar la bandera.
En 1885 fue hallada en la capilla de Titiri. Actualmente permanece en el museo “Casa de la Libertad”, en Sucre y existe una réplica autenticada en el Monumento a la Bandera.

Doscientos años después de aquella gesta, una placa colocada en el pasaje Juramento, a metros del Monumento Nacional a la Bandera, se convirtió en el primer recuerdo formal que se le tributa a Echevarría de Vidal en su ciudad natal.

“Esta mujer que fue invisibilizada por la historia merece también que se la conozca y se la reconozca como a tantas mujeres porque ellas también hicieron la patria y son parte de la formación en la construcción de la argentinidad. La mujer además de poner el cuerpo en las guerras de la independencia puso también las manos en las agujas, y tomando el calificativo que lo otorga O’Donnell, como lo hizo María Catalina, la zurcidora de América”.

La bandera fué confeccionada por todas las instituciones de Claromecó y donada al faro para ser izada en todas las fechas patrias, fué realizada por Nora Yayen y Monica Aristemuño, y el sol fué pintado por Alberto Pardal, a ellos siempre gracias.

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